Genial descripció de Varanasi / Benarés (India)

Com alguns de vosaltres sabeu, una de les persones més importants de la meva vida és per motius professionals una llarga temporadeta a la India. Aprofitant aquesta meravellosa experiència, cap de setmana si, i cap de setmana també, carrega la motxilla i es dedica a conèixer el país tant a fons com pot… A continuació us copio el seu mail, retocat al més estil 2.0 (links i fotos) per a que us sigui més fàcil de llegir… Personalment crec que és meravellós… Espero que a vosaltres també us ho sembli…:

 

Manikarnika Ghat (Varanasi / Benarés)

(Varanasi / Benarés)

 Varanasi [wiki] es un lugar descarado. Abierto al público las 24 horas del día, los 365 días de la semana. Varanasi es una bofetada en vida y un recordatorio de calendarios vitales. Los perros están igual de moribundos que los humanos y sin pudor, se muestran ante ti, no por necesidad de compasión sino por pura aceptación de la no-existencia. Aquí los niños respiran el aire a quemado y los adultos lo absorben para sentirse acompañados. Shiva reina en este lugar, curiosamente llamado también “lugar de la luz”. Según como se mire, también, lugar oscuro y turbulento. Shiva aparece en cada esquina, recordando a los que viven y a los que pronto morirán, que hay una reencarnación posible y que estamos en la 4ª fase de un ciclo que pronto acaba. Eso es, según los hinduistas [wiki], el último eslabón de una cadena, el más contaminado y pervertido, el que contempla las guerras, las discriminaciones, las injusticias y el deterioro del ser humano. Tal vez Shiva no estuviera  tan equivocado…

 Esta vez viajo con Sameer, un indio afincado en Barcelona con el que estoy preparando la edición de un libro sobre jóvenes escritores españoles. Sameer es poeta y traductor y pronto nos hicimos amigos. Pasará tres meses en India, con su familia y hacemos esta escapada que, a priori ya se que será única en muchos sentidos…

 Hay algo en el ambiente de Varansi que me repele de forma inconsciente. Lo se desde que pongo el pie en la ciudad. Sin embargo, me atrae por otro lado la visión de una realidad que no se calificar de tan horrenda y monstruosa y a la vez tan suave, tan serena, tan directa. Hemos empezado el viaje por el Ghat (escaleras junto al río donde se hacen las oraciones o “pujas”) llamado Manikarnika. Éste es uno de los más famosos por las cremaciones y también uno de los más grandes que hay en la ciudad. A lado y lado, edificios donde la gente espera a morir. Enfrente, otro donde se apilonan las maderas para quemar a los muertos. Niños huérfanos jugando por la calle, volando sus cometas por encima de los cadáveres; otros, adolescentes que piden dinero u ofrecen sus servicios en la barquita que te lleva por el río para poder observar la actividad a lo lejos. Nos acercamos a Manikarnika y puedo oler y sentir el calor del fuego. Me quedo parada y me da un escalofrío. Siento la muerte cerca, el horror, por unos instantes, de lo que me llama a ser visto.

 

Manikarnika Ghat (Varanasi / Benarés)

Manikarnika Ghat (Varanasi / Benarés)

 

Sigo acercándome, como si un imán me obligara a hacerlo.. Por lo menos, 10 fuegos queman a la vez. Hay 5 cuerpos esperando a ser incinerados en una escalinata medio derruída cerca de las piras. Todos ellos, cubiertos por una tela verde o naranja, según el caso y sostenidos por una camilla fabricada con bambú. El calor es tan insoportable que decidimos subir al piso de arriba del edificio que observa todos los días, desde hace 3000 años, esta gran hoguera que quema día y noche a 300 cuerpos diarios. Las familias de los muertos casi no se reconocen, apenas lloran y me pregunto si realmente estos ya difuntos tendrían familia o simplemente estaban esperando a morir solos en cualquier esquina de la ciudad. Algunos se afeitan el pelo para proceder al rito que, primero carga el cuerpo hasta el Ganges, lo hunde en sus aguas y luego lo reposa en su destino final. Así lo marca la tradición.

 Morir en Varanasi es una bendición. El agua sagrada, considerada dentro de las categorías de los dioses hindúes, acoge los restos de aquellos cuerpos que, por falta de dinero, no han sido incinerados por completo. Morir en el Ganges te exime de la reencarnación futura y directamente garantiza el reencuentro de tu mismo cuerpo con el de otros que también han sido purificados y bendecidos por el río.

 “La madera va muy cara” nos cuenta un huérfano, que no se despega, esperando una monedita a cambio. Un kilo de madera, 5€. Un cuerpo en quemar, un par de horas. Al fin y al cabo, nacimos para esto. De los diez cadáveres que tengo enfrente, dos de ellos, han quedado a medio camino entre el polvo y la materia. Cierro los ojos y todavía los veo. ¿Cómo puede un occidental horrorizarse tanto por ello? ¿Cómo asumir la muerte como un paso más de nuestra existencia y no como un fin? Sameer dice que es todo un juego. La vida es un juego y la muerte es un reto a ese divertimento. Se acabó, son cuerpos que se queman igual que quemas el tronco de un árbol que tuvo vida en su momento. ¿Por qué nos damos tanta importancia?, me pregunta Sameer. ¿Quiénes nos hemos pensado que somos los humanos?

 Observar las incineraciones me produce dos reacciones contundentes: un vacío infinito lleno de horror y de tristeza, y un alivio por la ligereza de una vida que continuamente tomamos demasiado en serio. En este momento, más que nunca, me acuerdo de Benedetti [poemas] “Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos. Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño”. Me pregunto si habrían leído todos estos personajes el poema de Benedetti. Casualmente, todos viven el ahora, parecen relajados, son poco higiénicos y andan descalzos. Quién sabe..

 Entre la masa de gentes que acaricia la ciudad, me llaman especial atención los Sadhus (ascetas) [wiki] con sus caras pintadas, largas barbas y rastas, cuerpos flacuchos y esa maravillosa capacidad de concentración provocada por una especie de trance que les invade. Según me cuenta Sameer existen 10 tipos de Sadhus, pero principalmente captan mi atención los llamados “Aghoris”. 

Son hinduistas extremistas, transgreden de forma voluntaria todos los tabúes ascéticos, viven cerca de los crematorios y fueron los primeros en introducir el tantra en la historia del hinduismo. Beben alcohol y comen carne. Carne humana no consumida por las brasas tras la incineración. Adoran a Siva, meditan por la noche y mantienen relaciones sexuales desinhibidas. Son los hombres sagrados más controvertidos de la India… (Y conocí a uno.)

 Estando en Nueva Delhi me doy cuenta de lo que este viaje ha provocado en mi. Tengo el cuerpo extraño, pero lleno de nuevas experiencias que alimentan mi visión de este país complejo. Nunca llegaré a saber dónde estoy realmente…Pero me fascina la idea de saberme afortunada, por lo menos, de vivirlo por un momento.

Gisela.

1 comentario
  1. elena dijo:

    Impresionante, felicidades por la descripción.

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