Manos arriba, esto es un “low cost”…!

Hace prácticamente dos meses escribía en este mismo blog un post (artículo) titulado “Absusos sin protección” donde trataba de evidenciar la nueva práctica de algunas empresas y aerolíneas que se hacen llamar a sí mismas “Low Cost” y de algún modo probaba de poner sobre la mesa esta nueva forma de engañar a los usuarios.

low-cost1

Pues bien, parece que no soy el único. Ayer, el gran Quim Monzó [wiki] escribía lo siguiente en su columna de La Vanguardia

 

REIVINDICACIÓN DE UN AVANZADO A SU TIEMPO

El servicio de noticias de la BBC sorprendió ayer a medio mundo con una primicia: la compañía aérea Ryanair, especializada en vuelos baratos, está considerando estos días la posibilidad de cobrar por ir al servicio durante los viajes. El método de cobro sería el mismo que uno encuentra en los servicios públicos prefabricados que hay en muchas ciudades: una ranura para monedas convenientemente situada en la puerta. Ni que decir tiene que diversos grupos de consumidores han puesto ya el grito en el cielo, y claman que la compañía es egoísta porque busca el beneficio económico y no la comodidad de los pasajeros. Pues claro que busca el beneficio económico. Faltaría más. ¿Acaso una compañía aérea es una ONG que deba moverse por altruismo? Y, si un pasajero quiere sentir que no lo maltratan, lo que no hará es poner los pies en una compañía de esas. Nunca he subido yo a un avión de Ryanair y, por poco que pueda, nunca pienso hacerlo. Ni de Ryanair ni de cualquier otra compañía similar. Que el precio del viaje en avión entre dos ciudades situadas a miles de kilómetros de distancia sea inferior al precio del taxi que te lleva desde una de ellas al aeropuerto me parece, no sólo una aberración, sino la muestra evidente de que lo mínimo que la compañía en cuestión puede hacer es tratarte como a un perro sarnoso. Rectifico: la compañía tiene la obligación de tratarte como a un perro sarnoso. Hace una semana Ryanair avisó ya de que piensa eliminar sus mostradores de facturación de equipajes para reducir costes. Por llevar equipaje también hay que pagar, y también eso me parece bien. Si quieres llevar equipaje en Ryanair, paga. Si no, viaja en una compañía aérea como Dios manda. Por lo que respecta a los retretes, la tendencia a eliminar gastos en ese terreno crece en toda Europa. Hace un par de semanas, diversas poblaciones inglesas (Bournemouth, Richmond…) anunciaron que cerrarán sus váteres públicos, porque mantenerlos cuesta una pasta y no está la situación como para ir despilfarrando por un quítame allá esos orines. Para compensar la falta de vespasianas, los ayuntamientos que impulsan la iniciativa piden a las tiendas y a los restaurantes que permitan que todo el mundo los utilice, no sólo los clientes, como sucede ahora. La negativa inicial de tenderos y restauradores ha remitido en cuanto les han explicado que, a cambio, les pagarán 700 euros anuales.

Todo lo cual nos remite a Joan Clos, aquel alcalde tan incomprendido como visionario. Cuánta broma injusta se hizo de aquella famosa admonición suya –De casa se surt pixat i… (anava a dir una altra cosa)!– y, en cambio, ahora se demuestra que se trata de una norma de imprescindible aplicación, no sólo a ras de tierra sino también en las alturas de bajo costo.

 

 

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